Consejos para fotos de aves en mano

La cámara y otros accesorios

Cualquier cámara es buena si proporciona fidelidad en los colores y fotografías con suficiente número de píxeles como para soportar un buen aumento de tamaño sin perder nitidez, recomendándose un peso mínimo de 1,5 MB.

La situación ideal es trabajar dos personas, una sujetando al ave y la otra haciendo las fotos. En el caso de estar una sola persona los materiales se complican. La necesidad de tener ambas manos libres, para estirar el ala por ejemplo, implica la utilización de un trípode, una mesa y una silla. Facilita enormemente el trabajo que la cámara tenga dos funciones que van a resultar muy importantes:

– La primera es un monitor extensible y giratorio que permita la visión del ave desde cualquier orientación, especialmente desde el frente de la cámara. Esto permite ponernos delante de la cámara con aves grandes y poder centrar las fotografías.

– La segunda, y más importante, es que la cámara tenga la función de autoenfoque después, y no antes, de que el temporizador cuente los segundos programados. Ello nos permitirá poner en marcha el temporizador y utilizar las dos manos para, por ejemplo, extender el ala todas las veces que sea necesario, o colocarnos delante de la cámara con un ave grande, despreocupándonos siempre en todas las fotografías de la distancia a la cámara. Es realmente una función imprescindible y que muy pocos modelos de cámara tienen.

El reportaje fotográfico

Antes de realizar un reportaje fotográfico es muy importante conocer previamente cuáles son los caracteres útiles para datar el sexo y edad de una especie. La fotografía del ala de Erithacus rubecula permite datar su edad sin mucha dificultad, pero la punta de las rectrices ayuda enormemente a confirmar esa determinación. El estudio del ala y la cola permite en otoño datar la edad de la mayoría de las especies del género Sylvia, pero en esta época el color del iris es un dato que aporta tanta información como las plumas. Por otra parte, obviar el registro de una parte esencial en la determinación puede hacer inservible el reportaje y, así, el ala de Alcedo atthis después de la muda postnupcial/postjuvenil permite con dificultad la determinación de la edad, mientras el límite de muda en las rectrices lo hace extremadamente sencillo.

En aves pequeñas, la mejor forma de proceder es sujetar al ejemplar por la tibia con la mano izquierda mientras con la derecha se maneja la cámara, que deberá estar en autoenfoque. Para fotografiar el ala extendida, una mano debe sujetar al ave por las tibias colocándola delante del objetivo, accionar el temporizador y extender el ala con la mano que queda libre sujetándola por la punta de las primarias si las coberteras del ala se utilizan en la determinación o por la zona del álula si deben verse las plumas de vuelo completas. Si el ejemplar es muy inquieto puede sujetarse por el cuerpo para evitar el aleteo con el ala que queda libre. En el caso de aves cuyo tamaño grande excede la distancia existente entre la cámara y los brazos extendidos, no queda sino utilizar el temporizador y colocarnos delante del objetivo.

Es muy importante conocer el comportamiento habitual de cada especie ante la manipulación. Aunque la mayor parte se muestran muy tranquilas, las familias Picidae, Sturnidae, Hirundinidae o Motacillidae o especies como Luscinia svecica, por ejemplo, son extremadamente nerviosas y es necesaria una sujeción que impida el aleteo; igual precaución hay que tener con especies frágiles como lo son algunas del género Emberiza. En estos casos es conveniente comenzar con la fotografía de alas, cola o detalles corporales, lo que permite una buena sujeción, hasta que generalmente acaban tranquilizándose siendo entonces posible trabajar con otras partes útiles como el color del iris o las plumas del pecho.

En aves grandes, al igual que ocurre en su manipulación para anillamiento o toma de datos biométricos, es conveniente el uso de capuchas para minimizar el estrés. En cualquier caso, para evitar accidentes producidos por especies potencialmente peligrosas, como rapaces o garzas por ejemplo, es necesario extremar las precauciones evitando el contacto con garras y picos. Debido a la pérdida de sensibilidad en el manejo, no se recomienda el uso de guantes para la manipulación de aves pequeñas, por lo que en el caso de especies molestas, como Corvidae, Laridae o las del género Lanius no queda sino soportar estoicamente las molestias que puedan producir.

Existen algunos condicionantes que dificultan la toma de fotos. El viento, que mueve las plumas es una molestia muy importante, por lo que se deberá disponer de un lugar resguardado en los días ventosos.

El exceso o la ausencia de buena luz quitan calidad a las fotos, lo que puede solventarse con sombrillas o iluminación artificial, si bien ello complica enormemente el equipo necesario. Una buena luz es un tema esencial ya que la iluminación irregular de un ala, por ejemplo, puede hacer aparecer brillos en parte del plumaje llegando a inducir a error por verse diferentes tonos en la coloración de las plumas donde realmente no los hay.

En algunos trabajos en los que se fotografían únicamente alas o colas se utiliza un fondo artificial de colores neutros, generalmente gris, para preservar los colores. La existencia de sombras y las dificultades añadidas cuando se toman fotos de otras partes del cuerpo y por una sola persona desaconsejan su utilización. En cualquier caso, si el fondo es el campo, es conveniente que sea lejano para evitar problemas con el autoenfoque y la pérdida de calidad de los colores: el agua y los fondos grises son mejores que los verdes o los rojizos.

Finalmente recomendar el llevar en el equipo material de manicura: unas uñas mal cuidadas pueden estropear una buena foto de muda.